Rudras – “Zen”: Un despertar que trasciende montañas

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Zen”, la opera prima de la agrupación Rudras, no es un disco de metal, punto. Esta afirmación, más que una descalificación a esta trabajada pieza discográfica, es un intento de definir algo que trasciende los géneros comunes de los que se puede entender como un “disco de metal”.

Son 12 temas que, como un buen río, suman afluencias de muchos pequeños cauces. Una base fundamental arraigada en el Death Metal Melódico, matizada con elementos sonoros característicos de las culturas orientales, sumado a la marcada influencia de las enseñanzas del Budismo, son algunos de los factores que construyen la innovadora propuesta plasmada en “Zen”.

Como su nombre lo indica, Rudras se concibe como una entidad que usa su música con el objetivo de transmitir las enseñanzas y el Dharma para conducir a la paz y la felicidad. Estos son preceptos claves dentro de esta religión que la banda practica pero no impone en nadie. Para efectos del álbum, esto ayuda a pintar la idea con mayor claridad.

No está expuesto si fue concebido de esta manera pero la estructuración del disco da para pensar que se aplicó un concepto budista llamado “Pratitya-Samutpada” o los 12 vínculos de la creación dependiente. Cada nota en “Zen” está orgánicamente relacionada a la que la precede y al mismo tiempo, a la que la prosigue. No hay elemento que no esté interconectado y para apreciar su verdadero contenido, debe ser analizado como una sola entidad.

Under The tree” es la puerta de entrada al disco, pintando un paisaje sonoro en un bosque, acompañado por instrumentos de vientos (con sonidos similares a los emitidos por una flauta de madera nipona conocida con el nombre de Shakuhachi), continuando con un pesado riff de guitarra que lleva esta pieza instrumental con matices épicos. Hay un riachuelo que no sólo está presente al inicio, sino que también conecta con la siguiente canción, “Delusional Forest”.

El segundo corte continúa el dibujo de atmosferas sonoras contundentes hasta que se hace presente la voz de Johan Adrián. Su trabajo vocal es realmente sólido, exhibiendo una más que respetable potencia durante los distintos momentos de esta pieza, la cual presenta una constante variación de la base rítmica, algo que suele verse en bandas de corte progresivo.

La fuerza melódica se hace presente con “Shadow Ego”, el tercer tema. Un preciso y demoledor ritmo de Kabir Velásquez en la batería lleva la batuta, acompañado por una orquestación de fondo que sostiene una construcción musical destacable. Esta canción, más allá de ser una de las más concisas, podría ser calificada como una fuerte candidata a ser el sencillo promocional.

Eternity Now (So the owl spoke)” mantiene la potente cadencia pero subiendo la velocidad. Si bien la voz gutural de Adrián logra canalizar efectivamente la energía que impone el resto de la composición, el trabajo de Findecano Tasartir en las guitarras es digno de reconocimiento. Cambios de cadencias, riff agresivos, múltiples elementos técnicos y solos que cuadran de manera justa son algunos de los elementos que exhibe no sólo en esta pieza, también a través de todo el disco.

Para la siguiente canción “Mountains”, Rudras mostró su lado más melódico, en el cual sumó la voz de Naye como invitada. Su presencia se ajusta de manera natural a una de las piezas más experimentales del álbum, tomando el protagonismo y dejando a la voz gutural de complemento durante las diferentes secciones del tema.

En “Zazen (The Tricks of Perception)”, la banda saca la artillería, descargando un potente tema en el que todos los músicos muestran su lado más demoledor, plasmándolo en casi 5 minutos de pura agresión, los cuales sirven de preámbulo a un bloque definido como las cuatro nobles verdades.

Primera verdad es “Suffering Exists”. Todo lo exhibido en “Zazen (The Tricks of Perception)” se mantiene con la inclusión de algunos pasajes melódicos en el que la orquestación asiática vuelve a tomar su cuota protagonismo, combinación que muestra la influencia de bandas como Chthonic, una banda taiwanés de metal oriental.

Segunda verdad es “Anchors of Self”. Este es el tema más denso e intenso del bloque de las cuatro nobles verdades. La intensidad se mantiene durante los 4 minutos de duración, destacando fundamentalmente el aporte del baterista. Un trabajo contundente, limpio y minucioso.

Tercera verdad es “Desolation Gone”. Dentro de un compilado de muy buenos temas, este destaca como uno de los tres mejores, junto a “Shadow Ego”. Muestra todas las facetas que exhibe la banda a través de todo este disco.

Cuarta y última verdad es “Walking The Path”. Un viaje musical que sirve de metáfora al título que lleva. Diferentes episodios, cadencias de mayor o menor intensidad combinadas con armónica fluidez y un potente pulso que se mantiene a través de la pieza.

Cerrado el bloque de las nobles verdades, es el turno de “Mushutoku Spirit” que cuenta con la participación de Pedro Bolívar como invitado. Una corta pieza instrumental, basada fundamentalmente en orquestación asiática que combina elementos electrónicos y acústicos para servir como la transición para el cierre de “Zen”.

The Awakening” es el encargado de bajar el telón de “Zen” y lo hace en grande. Esta pieza es una clara demostración de potencia por parte de la banda. A lo largo de sus 5 minutos de duración, Rudras saca lo mejor del lado metalero de su propuesta para cerrar un excelente álbum, en el que la calidad de los temas se presta para este debate, pero, sin duda, éste es el mejor tema del disco.

Tras un año de ardua labor, Rudras creó “Zen”, un trabajo que trasciende las barreras del metal y se posiciona como una de las mejores producciones del 2014, un año ilustre para el talento venezolano en los géneros extremos.

Fuente: keeprockingvenezuela.com


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